DECADENCIA Y TRANSFORMACIÓN

1912 señaló el comienzo del final de los años de apogeo liberal.

1930 señala el final de la era liberal como sistema de vida de nuestra sociedad.


No vienen capitales ni inmigrantes. La inmigración queda prohibida en 1932.


No se colocan productos primarios en el mercado europeo como en otras épocas.

El estancado ferrocarril inglés compite con el vehículo yanqui.
Los cupos de producción se regulan antes o se eliminan después para evitar la caída de los precios por superproducción.
Los sueldos de los campesinos caen y se produce una emigración hacia Bs. As. (entre 1939 y 1940).
Uriburu con su moralismo persigue a todas las formas de vida sospechosas y todo tipo de prostitución es castigado.
La aristocracia denuncia pactos con la plebe y se adquiere otra vez el exclusivismo hermético.


La plebe se avergüenza de si misma por no tener peso histórico, es despojada de sus pasajeros atributos de prestigio por su participación en el poder y termina el tiempo de expansión de la cultura vulgar y también el de su acceso a la universidad.

Este argentino humillado evita todo contacto con lo nacional, emblema de compromiso histórico que no soporta.
Con el cine sonoro las orquestas de tango son desalojadas de las salas entrando en cambio un enorme volumen de melodías norteamericanas que el pequeño burgués consume con tal de olvidarse del país vergonzoso que lo rodea. Acepta sin cuestionar, escucha sin criticar.
El tango deja de bailarse y es evitada toda actitud de aproximación vivencial con él.


Así como el ascenso y la plenitud coinciden con el auge del tango, la depresión y la inmovilidad históricas implican el repudio hacia el tango.

La plebe bailó tango cuando se sintió con derecho a ocupar un sitio en el orden de la sociedad o como festejo apoteótico por haberlo adquirido. Lo bailó también cuando actuó como clase y en la pista se muestraban todos haciendo lo mismo.
Esta doble bailabilidad del tango condiciona todo lo demás: la existencia de un tango para el momento histórico que se da, la creación de escuelas, la estetización, la restauración crítica o la renovación.
El impasse, la rutina, la arqueología, la reiteración estéril son caracteres de períodos depresivos, como la inicial mishadura posterior al 30.

La excepción son las letras de Discépolo y solo lo baila algún sector marginal.
Cultura de masa por definición, el tango muere naturalmente por falta de público.

Las grandes orquestas se alejan del ritmo milonguero original en que nació el estilo, transformándose en melódica internacional con, por ej. De Caro.
Canaro abandona la música bailable casi por completo, transformándose en un músico de teatro. Fresedo sobrelleva su tradición con el tono de solemnidad típico de las exequias, Bazán, Firpo, Poncio y Maglio cultivan la arqueología.

La crisis de la balanza comercial obliga a iniciar la producción local de productos industrializados, con lo cual la industria comienza su desarrollo.

Burgueses y proletarios tienen entonces un interés común, que los mercados internos se expandan para poder vender aquí sus productos.
Las alianzas se estructuran de un modo nuevo: la burguesía con el proletariado y la aristocracia con algunos sectores de las clases medias.
La masa visible del orillero es obrera, “cabecita negra” y las clases medias quedan al margen del proceso ocupando los roles que habían conquistado en la época liberal, en el campo de la cultura y en las profesiones liberales, o sea que fueron formadores de ideología liberal.
Mientras tanto el fenómeno toma fuerza.


El tango como música sobrevivió como pudo y a partir de 1935 comienza un nuevo período de auge del baile.
La alianza de burgueses y proletarios (cabecitas negras) tienen en común la necesidad de asumir corporalmente un baile emblemático. La burguesía porque le faltaba tradición y la plebe por falta de formación. La clase media culta de los músicos de siempre es la que retoma el interés.
A ésta altura ya se había experimentado todo y queda un solo recurso estético, la evocación. Formas, ambientes, personajes del origen son evocados.


En la década de 1930 Argentina, como casi todo el mundo, aunque menos que Estados unidos y Gran Bretaña sufrió las consecuencias de la Depresión. Un gran número de trabajadores emigran del interior hacia Buenos Aires, serán los "cabecitas negras" que apoyarán a Perón.

La crisis por la depresión por un lado y la corrupción e ineficiencia de la administración de H. Irigoyen (1919.1922 y 1928-1930) precipitaron el golpe militar del 6 de noviembre de 1930 en que asume José F. Uriburu quién luego llama a elecciones y en 1932 asume Agustín P. Justo quien se mantuvo en el poder hasta 1943 en que se produce otro golpe militar.

No obstante todos los problemas que se vivían en la década de 1930, hubo en Buenos Aires una gran evolución, se inauguraron las diagonales Norte y Sur con bailes en las calles, en 1936 también de la misma forma se conmemoraron los 400 años de la fundación de Bs. As., se inauguró el obelisco, de 72 mts., y en 1937 también la ancha y espléndida Av. 9 de Julio; todo lo cual también era reflejado por letras de tango. El protagonista de “Anclao en París” de E. Cadícamo, exclama: “y un juego de calles se da en diagonal”.

La década de 1930 fue una transición hacia el 2do. gran período de la edad de oro.
El sexteto típico va desapareciendo en tanto que los directores de orquesta de ambas escuelas, tanto evolucionista como tradicional, agrandaban sus conjuntos. Hacia 1932 Fresedo incorporó instrumentos de sinfónica como vibráfono, viola, violonchelo, algunos instrumentos de percusión y arpa, en 1936, de Caro incorporó instrumentos de viento y F. Canaro (tradicionalista) incorporó trompeta y cornet-à-pistón. Se hacían arreglos a los tangos para ser interpretados por conjuntos más grandes.
D’arienzo, de 1934 en adelante, representante de la escuela tradicionalista, y que a diferencia de la mayoría de los artistas de tango procedía de la clase alta, con su orquesta consiguieron que quienes escuchaban tango volvieran nuevamente a bailarlo. Lograron un verdadero punto de inflexión al llevar el tango de los cafés y los cines a los pies de los bailarines.

Otra figura clave fue Angel D’agostino, amigo, vecino y colega de D’arienzo y uno de los principales pianistas del género, quién se proponía hacer un tango que se pudiera bailar aunque le daba también importancia al cantante. Ángel Vargas, comenzó a cantar con él en 1932 y como también respetaba el ritmo fue una sociedad ideal para bailarines de tango.

Carlos Di Sarli, si bien recibió influencias de Fresedo, sacó un sonido completamente diferente de su soberbia orquesta, subrayando la melodía sin sacrificar el ritmo.
En 1937, aparece A. Troilo, quién fue el mejor bandoneonísta que tuvo el tango y quién, después de haber tocado en varias orquestas, forma su propio conjunto. Fue muy criticado al tocar con variaciones “La cumparsita” aunque luego fue ovacionado y al año siguiente incorpora A. Piazzola quién estará a cargo de los arreglos musicales y seguirían juntos durante 16 años.

En la década de 1930, el tango formaba parte de la cotidianeidad gracias al espíritu nacionalista que se manifestaba en lo político. Las películas argentinas así como los filmes que hizo Gardel en Francia y Estados Unidos ayudaron a difundir el tango por América latina y España.

El renacimiento del tango como danza demandó cambios en la orquestación, era necesario enriquecer la interpretación con armonía y contrapunto. En 1940, las orquestas, tanto en la escuela evolucionista como en la tradicional, habían incorporado un arreglador.

Los bailarines, en la década de 1930, competían para ver quién era el mejor.
En la década de 1940, 3ra. y última década de la edad de oro, el tango estaba en la cima de la popularidad, estaba presente en salones, dancing, cabarets, clubes sociales y deportivos, y clubes de fútbol y había cientos de orquestas de tango, cada una con su propio estilo.

Se bailaba en los clubes de barrio, si era posible se contrataba a un conjunto y sino, se utilizaban discos; en los grandes estadios se bailaba incluso debajo de las tribunas y en ocasiones especiales, con música de una gran orquesta. A veces se reunía tanta gente que los bailarines apenas tenían lugar para bailar.
Los cafés de la Av. Corrientes atraían a las mejores orquestas y cantantes de tango. Había tres sesiones: matinée, vermouth y noche. Los hombres iban a diario a tomar algo y a escuchar tangos; la clase trabajadora iba temprano, la clase alta por la noche.

En la década de 1940 asume Perón como presidente (1946 - 1955) y su influencia fue difusa. Discépolo lo apoyó abiertamente, H. Manzi fue expulsado del partido radical por manifestar su entusiasmo, en tanto que Libertad Lamarque luego de su enfrentamiento con Evita continuó su carrera en México. En general los músicos, tal como era tradicional en el negocio del espectáculo evitaban situaciones incómodas y Perón mismo, conciente de la popularidad del tango se fotografiaba junto a los artistas.
En 1949 levantó la censura que desde 1943 sufrían las letras.